El viaje a la ciudad del calor eterno...

A Barranquilla se va el caimán y también un Colón en ganador

El equipo se despertó a tiempo y respaldó la fuerte apuesta de Domínguez. Heredia, que había sido suplente ante San Lorenzo e Independiente, y Zucculini, que ni siquiera estuvo en la consideración ante los Rojos, fueron los artífices de un triunfo que tranquiliza el viaje para jugar ante un equipo complicado.


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Enrique Cruz (h)
(Enviado Especial a Barranquilla, Colombia)

 

Los 32 grados de temperatura que se están pronosticando para este miércoles en la siempre cálida Barranquilla, le agregan calor al ya de por sí caliente clima que se está viviendo en esta ciudad. Enojados por el supuesto perjuicio en los rendimientos arbitrales, a Junior le cuesta mucho encontrar el gol. Además, el decepcionante momento de Teófilo Gutiérrez, que apenas tiene un gol en 945 minutos jugados en el semestre, le agrega preocupación al rival que tendrá un Colón que llega más que entonado por una victoria que no sólo fue clara y justa, sino que se forjó a partir de rendimientos individuales y figuras impensadas.

 

“Nos tapó la boca a todos”, confió alguien a este enviado de El Litoral a Colombia. Y éste puede ser el primer concepto, el que sale a flor de piel cuando se habla de los tres goles de Leonardo Heredia y de la muy buena actuación de Franco Zucculini, factores clave e impensados de la victoria y de un rendimiento que se edificó sobre pilares muy sólidos y que no venía mostrando el equipo de Domínguez.

 

¿Empieza una nueva etapa?, no se sabe. El fútbol no sólo tiene de estas cosas (que un equipo que no viene jugando bien, de pronto se ilumine y gane con amplitud en todo) sino también que es impulsivo. Y lo peor que le puede pasar a Colón —y al técnico, claro— es manejarse por los impulsos. Y suponer que lo del viernes, en el Centenario, es el comienzo de algo nuevo.

 

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Dos semanas antes, Colón producía una buena actuación ante San Lorenzo, hasta el segundo gol de Fritzler. Protagonismo, buen juego y superioridad sobre el rival, fueron los argumentos. Ganaba 2 a 0 y se le vino todo abajo hasta caer en la definición por penales, con un pasaje de veinte minutos finales que fueron tan impresentables como resultó ser muy buena la primera hora de aquella actuación.

 

La sensación que dio Domínguez en el armado del equipo, fue la de “jugarse” contra los mendocinos de Godoy Cruz. A la cancha Zucculini, un jugador que iba al banco pero nunca entraba. Fue un gran acierto, porque Zucculini resultó clave para contagiar al resto. Presión constante sobre el rival para recuperar la pelota y verticalidad en el juego. Esos dos atributos que mostró el debutante, se contagiaron en el resto. Y vimos a otro Colón.

 

El equipo respondió a la confianza del entrenador, mostró nobleza y entrega. No eran pocas las bajas. En un plantel que no derrocha jerarquía, que no estén Ortiz, Alan Ruiz y Correa es mucho. Después, podemos discutir si Alan Ruiz tiene o no tiene que jugar, con este nivel que ha mostrado el “10”. No es indiscutible como jugador, es cuestionable su presente. Y sus movimientos en la cancha. El técnico dice que, para él, Alan Ruiz es delantero y lo que menos hace adentro, es jugar de delantero. Entonces, la pelota pasa por él a 50 ó 60 metros del arco rival y, desde allí, es muy difícil que se genere una jugada de peligro, a no ser que se hilvane con algún pelotazo largo, como pasó en Paraná ante Patronato. La tendencia y la tentación a darle la pelota a él, es muy grande por parte de todos. Y allí se le simplifica al rival. Primero, porque está lejos del arco de enfrente; y segundo, porque es mucho más fácil robarle la pelota, apretarlo y ganársela en sectores intrascendentes del terreno.

 

“Me estás dejando bien”. Seguramente, Domínguez le estará dando indicaciones tácticas a Franco Zucculini, pero la realidad es que el técnico se jugó una verdadera “patriada” con el volante central, que jugó un muy buen partido el viernes .Foto: Mauricio Garín

 

 

 

Cambió la actitud del equipo. A esto hay que reconocerlo así, con todas las letras. Hubo una respuesta física, de actitud con “c” y de aptitud con “p” que me hizo acordar mucho a aquél encuentro con Racing, en Avellaneda, en la última fecha de la Superliga pasada, cuando el DT estaba casi ido y el equipo respondió con una victoria que tuvo mucho de milagrosa, porque se alinearon todos los planetas y constelaciones para que Colón clasifique para la Sudamericana del año que viene.

 

¿Qué hará el miércoles? Sin Ortiz —descartado—, es muy difícil que se vuelva a armar la línea de cinco que tan buen rédito le dio en San Pablo. ¿4-4-2?, ¿4-4-1-1?, ¿4-5-1? Ésas son las alternativas. O por lo menos parecen serlo, salvo que Domínguez se despache con alguna sorpresa e invente un central para acompañar a Godoy-Olivera, que van a jugar en la calurosa Barranquilla.

 

La vuelta o no de Alan Ruiz a la titularidad es una de las claves. ¿Fue casualidad o causalidad que el equipo haya jugado distinto sin él?, parece una arbitraria contradicción, porque si algún jugador es distinto en Colón, pues precisamente es él. Pero no en esta versión con gusto a nada, tan lejana de esos tiempos de descollantes actuaciones que lo llevaron a ser visto en Europa.

 

Colón fue distinto en el ritmo, en la presión, en el despliegue y en la verticalidad. Todo eso que se acaba de decir, creció, se incrementó. Supuestamente, se deduce que podría repetirse aún con Alan Ruiz en la cancha. Esto ya depende de la reacción que tengan sus compañeros, de cómo, cuándo y dónde elijan darle la pelota y, fundamentalmente, de lo que Alan Ruiz entienda que debe hacer para que su aporte sea positivo y haga crecer al equipo.

 

 

El colega William Badillo cuenta que al decepcionante nivel de Teo Gutiérrez en Junior, se agrega que Juan Carlos Ruiz, el otro “9” está lesionado y que Kevin Aladesanmi no tiene la experiencia suficiente para salir a bancar la dura parada de darle gol a un equipo que le cuesta mucho convertir y que tiene, como artilleros, a un wing y a un volante ofensivo (Luis Díaz y Jarlan Barrera), que anotaron el 62 por ciento de los tantos marcados por Junior.

 

Esto era antes de los goles de Yonny González en el partido que se jugó ante un calor descomunal en Barranquilla, este sábado por la tarde. Pero a estos equipos no se los puede subestimar. Aparecen en los momentos indicados, cuando tienen que demostrar su jerarquía. El roce internacional de un Junior se puede comparar con una segunda camada de clubes grandes de Sudamérica. Quizás no tenga los mismos antecedentes de gloria que ostentaba San Pablo, cuando se cruzó en el camino de Colón. Pero habrá que respetarlo a sabiendas de que la jerarquía de sus jugadores puede aparecer en cualquier momento.

 

La base para ir a Barranquilla. Sin Correa y sin Ortiz, el que podría terciar en la idea del técnico es Alan Ruiz, que ante los mendocinos no jugó porque estaba suspendido. Pero el equipo del viernes es el que tiene muchas chances de jugar el miércoles. De pie: Estigarribia, Fritzler, Olivera, Leguizamón, Godoy y Burián. Agachados: Toledo, Heredia, Escobar, Chancalay y Zucculini. Foto: Pablo Aguirre

 

 

 

Ya muchos sabaleros partieron este fin de semana con destino a Barranquilla. Algunos aprovecharán para hacer una incursión por Cartagena, la ciudad costera que está ubicada a poco más de 100 kilómetros de Barranquilla y que es una tentación para disfrutar de sus playas, del imponente casco histórico (donde se encuentra la casa de Gabriel García Márquez) y de ese contraste entre lo viejo y lo nuevo que identifica a esta ciudad.

 

En el caso de los dirigentes, serán varios los que acompañarán al plantel. Hay una “avanzada” con el presidente José Vignatti y uno de los vice, José Alonso, que partió este sábado y se quedarán durante casi toda la semana, regresando seguramente para estar el domingo de la semana que viene en la Bombonera. Otros se irán este lunes a la madrugada, vía Panamá.

 

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“La puerta de oro”

 

Barranquilla tiene tres características para un viajero futbolero. La primera, es que se trata de la ciudad colombiana que vive con mayor pasión este deporte. Por eso fue elegida como sede de los partidos de Eliminatorias, pues más allá de que en Colombia se la denomina “La Puerta de oro”, Barranquilla es la “casa de la selección”, como alguna vez se encargó de afirmar, como concepto definitivo, un conocido para los santafesinos: Francisco Maturana.

 

Siguiendo con las características, la segunda es que en esta ciudad no existen las estaciones: siempre hace mucho calor y “mata la humedad”. ¿Tienen presentes esos días de veranito santafesino en enero, con 50 y pico de térmica o el arrollante calor que sufrimos este sábado?, son habituales en Barranquilla. No refresca ni de madrugada. Y ahora, que están entrando en el otoño, la temperatura se mantiene. Y cuando llueve, llueve en serio.

 

La tercera es que no se puede pensar en un viaje a Barranquilla obviando su fiesta folclórica más importante, que es el carnaval. En Barranquilla se juega mucho al carnaval y tiran harina, que, mezclada con el agua, convierte a cualquier ser humano en el hombre o la mujer engrudo.

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