"Me fui porque no aguantaba más"

Alejarse de la crisis y volver a empezar

Antonio Rivas se fue del país por la situación económica del 2002. Vivió en Venezuela durante 16 años y ahora, ante la debacle venezolana está de regreso junto a su esposa y sus tres hijos. En una entrevista con El Litoral contó la cruda vida que tienen que soportar los venezolanos.


Antonio y su familia se sumaron al éxodo venezolano y tras un viaje interminable, de un mes, llegaron a Argentina para comenzar una nueva vida. Tomás Rico | El Litoral.

Tomás Rico | trico@ellitoral.com

 

Antonio Rivas (42 años) nació en Córdoba. En 2002, durante la crisis económica que sufrió Argentina, decidió, como miles de argentinos, emigrar para buscar un lugar de mejor para edificar un futuro en otro país. "Tomé la decisión de irme a Venezuela porque acá la situación estaba muy mal. Allá tenía un conocido y me fui sin pensarlo, era un país próspero y de oportunidades", contó Rivas en una entrevista con El Litoral, en su paso por Paraná, donde hizo la escala previa antes de llegar a la capital cordobesa. 

 

Al llegar a Venezuela, Rivas tenía 26 años y llegó con el sueño de asentarse en ese territorio, tener trabajo y formar una familia. Para ello, eligió la ciudad de Maracay, ubicada en el centro norte del país. Allí se casó con Rebeca y tuvo tres hijos. Todo iba viento en popa.  

 

En ese entonces, bajo la presidencia de Hugo Chávez la realidad era una antítesis de lo que es ahora. "Me fue bastante bien y no tengo quejas, pude construir mi taller mecánico y progresé bastante económicamente. Pero desde hace dos años la situación no para de empeorar", indicó y agregó: “Me fui porque no aguantaba más”. 

 

 

 

Un viaje interminable

 

Dada las circunstancias y la imposibilidad de comprar pasajes aéreos para toda su familia, Antonio no dudó, cargó su auto Renault 19 y emprendió el periplo rumbo al sur, a su país natal. "Nos han pasado miles de cosas, se nos rompió el auto dos veces antes de salir de Venezuela", comenzó su relato sobre las peripecias del camino y detalló que había calculado un presupuesto previo al viaje, que se echó por la borda antes de poder alejarse del territorio venezolano. 

 

"Primero el arreglo del auto, cosa que no tenía en cuenta, y después el presidente Maduro aprobó una gran devaluación. Cuando llegué a la frontera con Brasil el cambio que tenía estipulado se me vino al piso", se lamentó, ya que al hacer cuentas antes de viajar 1 real equivalía a 20.000 bolívares (peso venezolano) y tras el ajuste cambiario, la moneda brasilera llegó a valer 60.000 bolívares.  

 

Luego de decidir afrontar los gastos y continuar el viaje, la familia cruzó la frontera por el estado brasilero de Roraima, después siguieron viaje por el río Amazonas, donde tuvieron que trasladarse con el coche en balsa por unos 1.000 kilómetros, desde Manaos hasta Porto Bello.

 

Antonio y su familia agradecieron la solidaridad de la gente brasilera que al ver que la patente era venezolana se acercaron y les dieron comida. Además, el cordobés recalcó que a la noche al tener poca plata era imposible pagar un hotel y tenían que dormir en estaciones de servicio. “El servicio fue extraordinario, nos podíamos bañar y quedarnos tranquilamente”, destacó.  

 

“Pensaba que el viaje lo iba a terminar en 12 días y me llevó un mes llegar hasta Paraná. Ahora seguiré hasta Córdoba donde tengo pensado quedarme y comenzar de nuevo”, indicó Antonio tras conducir más de 7.000 kilómetros desde Maracay hasta la capital entrerriana.

 

Ahora, próximo a su ciudad natal, Antonio aseguró: “Voy a buscar trabajo y tratar de acomodarme nuevamente. Aspiro tener la estabilidad que tuve en el mejor momento de Venezuela y creo que Argentina me la puede ofrecer, además tengo una familia que sacar a flote y eso me incentiva”.

 

“Los insumos llegan a los puertos, el tema es que los mismos militares son los que negocian la entrada y no llegan a ser distribuidos. El bloqueo económico del que se habla es mentira”, criticó Antonio.Foto: Tomás Rico | El Litoral.

 

 

 

Desabastecidos

 

Satisfacer las necesidades básicas en Venezuela es una lucha diaria. Conseguir alimentos y medicamentos imprescindibles para llevar una vida “normal” es algo que a Antonio lo cansó y lo hizo darse por vencido. “Ganes lo que ganes la vida es difícil. No se consiguen alimentos, hay que hacer largas colas para comprarlos y te venden de manera restringida. Es imposible comprar provisiones para un mes, lo que te venden alcanza con suerte para una semana y a la siguiente volver a hacer colas” y ejemplificó: “Hay filas de 40 personas para poder comprar un kilo de pan”.

 

En cuanto al sistema de salud, el cordobés resaltó que el desabastecimiento es general y en los hospitales no hay medicamentos ni insumos. “Un hijo mío tiene que hacerse un tratamiento del tabique y pensaba hacérselo acá, porque en Venezuela era riesgoso operarlo al no saber si iba a tener la medicina para recuperarse. Todas estas cosas me llevaron a tomar la decisión de irme”, expresó y dijo que desde Argentina intentará enviarle medicina a su suegro que es diabético e hipertenso y no abastecerse de los medicamentos, ya que son imposibles de conseguir.

 

El porqué de esta falta de recursos, según Rivas se explica por vasta corrupción. “Los insumos llegan a los puertos, el tema es que los mismos militares son los que negocian la entrada y no llegan a ser distribuidos. El bloqueo económico del que se habla es mentira. Venezuela es un país rico, pero está mal administrado”, criticó y añadió: “Al Estado ha llegado gente que nunca ha tenido nada y de la noche a la mañana son millonarios. Cumplen el falso socialismo, porque mandan a sus hijos a estudiar al exterior o se van afuera a vacacionar. Son sólo una bandera política”.

 

-En estos momentos en que los venezolanos necesitan refugio ¿Cómo observas la relación con los países limítrofes?

-Ese punto es triste. Venezuela siempre le abrió las puertas a todo el mundo, conmigo lo hizo, yo trabajé indocumentado y no tuve ningún problema. Me han parado las autoridades en controles, pero jamás se me deportó ni se me trató mal. Ahora que los venezolanos tienen la necesidad de emigrar, afuera son maltratados.

 

-¿Por qué pasa eso?

-Lo que pasa es que desde Venezuela salen personas buenas y malas, y a la gente que no sirve, es decir que son delincuentes, se van a Colombia o a Brasil y siguen delinquiendo, y toda esa zona fronteriza se contamina. Por eso cuando uno llega a otro lugar y dice que viene de Venezuela ya te miran con desprecio y a uno eso lo afecta.     

 

-¿Tu familia tuvo algún problema de papeles para irse del país?

-Los niños en Venezuela son cedulados cuando cumplen 9 años, por lo que el más chico no tenía la cédula y de la única manera de sacarlo del país era con un pasaporte. Lo solicité hace un año atrás y nunca me llegó, eso pasa porque el sistema está colapsado.  

 

-¿La intervención de la ONU en las fronteras, ayudó?

-Creo que sí. Crearon un operativo que todavía funciona en ambas fronteras, donde le dan refugio a la gente que emigra. Cuando pasé la frontera, la ONU me ayudó con mi hijo menor que no tenía cédula y así logré llegar a Brasil. Lo malo es que no pueden hacer excepciones y no le pueden negar la entrada a nadie y así se filtran personas con pedido de captura y demás delincuentes.  

 

-¿Consideras que viviste en una dictadura?

-No a tal punto. Es un régimen, pero no como el que se vivió en los años 70 en Argentina. Uno vive libremente y hay cierta libertad de expresión. El tema pasa por la desatención de lo básico para la vida, que es la salud, la alimentación y la seguridad.

 

-¿Por qué crees que se llegó a esta debacle social y económica?

-Durante el mandato que viví de Chávez, la inflación era controlable y fue poco a poco empeorando. Cuando fallece y asume Maduro, se fue todo de las manos. La inflación se disparó terriblemente y eso impactó mucho en el pueblo.    

 

-¿El sueldo para qué alcanza?

-El sueldo fue aumentando de a poco, pero cuando lo comparas respecto a la inflación, a la canasta básica no la alcanzas a cubrir. Ahora el sueldo básico es de 180 bolívares soberanos y la canasta básica ronda los 600. Por ejemplo el cartón de huevos vale 100 soberanos, entonces uno está trabajando por un cartón de huevos o un kilo de carne. El Estado trata de compensar la miseria con planes sociales, subsidios a los alimentos, pero esa no es la solución.

 

-¿Cómo percibiste el ánimo de los venezolanos?

-El pueblo tiene los ojos vendados o les han lavado el cerebro. Muchos están en contra, pero la reacción es muy poca.

 

-¿Crees que se puede superar esta situación?

-Lo veo difícil porque el gobierno no quiere asumir los errores de la mala gestión. Además están tan afincados que vía elección es casi imposible que los saquen, porque además el fraude electoral persiste y las diferencias  en la votación son imposibles de creer. Debería hacerse una intervención desde afuera, porque desde adentro el gobierno es inquebrantable. Se tiene que dar un cambio radical, porque la calidad de vida es pésima.

 

-¿Volverías a vivir a Venezuela?

-Tengo pensado volver, no a vivir pero sí de visita, ya que la familia de mi mujer quedó allá. También me quedaron muchos amigos y los veo padeciendo grandes problemas. Es un tremendo país, los venezolanos son muy hospitalarios y tengo lindos recuerdos que me dan ganas de regresar al menos de visita.


 

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